Llegamos a la estación de Jeeps de Siliguri y enseguida enganchamos un Jeep que iba hacia Paretanki, en la frontera con Nepal. Esperamos una horita bajo el sol: Siliguri está muy cerca de Darjeeling, pero por estar al nivel del mar hace mucho calor a esta altura del año, así que entre el calor, los vendedores y los conductores de Rickshaw encima nuestro fue como "volver" a India por unas horitas más.
Después de la espera salimos con el Jeep explotando de gente hacia la frontera. Ahí paramos y bajamos a hacer los trámites de migración en una oficinita super precaria, atendida por un oficial asiatico (tuvimos que preguntarle si estábamos en India o en Nepal, porque no podíamos distinguir la diferencia!). Después de los trámites volvimos a la camioneta (toda la gente estaba esperándonos, porque los locales pueden cruzar la frontera sin papeleo), y cruzamos el charco. Bue, en realidad cruzamos un puente larguísimo sobre un rio de piedras, sin una gota de agua. El puente, bastante angosto, estaba lleno de camiones, así que el cruce fue a paso de hormiga. Parecía como que India no nos quería dejar escapar, pero al final lo logramos! Después de unos minutos estábamos pagándo la visa (más la coima) en migraciones de Nepal, en Kakarbitta.
Tuvimos que hacer un par de horas de tiempo antes de poder tomar el micro rumbo a Kathmandu. Aprovechamos para reservar hotel en KTM, comer algo y fracasamos en el intento de conectarnos a Internet, por falta de luz. A las 4 de la tarde salimos rumbo a KTM, viaje que duraria unas 16 horas. Los micros en Nepal son todos muy parecidos: no muy grandes, muy antiguos, con asientos fijos y sin bano. La cabina del chofer es bastante grande, está separada del resto del micro por una mampara con puerta, y tiene un par de asientos largos, donde se acomodan por lo general un montón de locales que van subiendo y bajando a lo largo del viaje, y los 2 o 3 pibes que forman parte de la tripulación, que bajan cada tanto a bucar gente, pagan los "peajes" e indican al chofer (con golpes a la chapa del cole) como debe maniobrar para estacionar o pasar por un lugar angosto.
El viaje fue largo y cansador, pero una muy linda experiencia. Con varias paradas para comer e ir al baño, en la que podíamos charlar con locales (la gente en general se maneja con ingles). Cenamos unos dulces caseros y unos porotos y papas típicas de Nepal, servidas en un papel de diario... A la mañana siguiente estábamos atascados en el tránsito caótico de Kathmandu.
Al llegar a la estación de micros, recuperamos nuestras mochilas y tomamos un taxi rumbo al hotel que nos había recomendado Juan, un poco apartado del centro de la ciudad, pero muy lindo. El hotel estaba lleno de gente de las Naciones Unidas. En general se encuentra un montón de personal de la ONU en Kathmandu (un mal pensado diría que eligen Nepal porque está espectacular...).
